Lisa es mi perrita, una perra de raza indefinida, una perra ovejera de toda la vida, de cinco años de edad, que recogí de la calle hace ahora cinco años cuando tenía unos seis meses. Desde que llegó a nuestras vidas, “la niña” se ganó el corazón de todos los miembros de la casa, incluso de los mas reticentes a su llegada, como mi padre. Papa y ella se hicieron inseparables, compañeros de largos paseos, dormían juntos, jugaban juntos y ambos sentían adoración mutua. Durante la enfermedad de papa y su posterior muerte, nos emocionó la fidelidad y cariño con el que Lisa trató a nuestro padre, imposible de comparar a la de los humanos, el amor que sentíamos por ella se multiplicó hasta el infinito desde esos duros momentos.
Lisa es muy lista, es una perrita terriblemente lista, no deja de sorprendernos su capacidad de raciocinio, eso que se suele decir “solo le falta hablar” es literal en nuestra perrita. Le hablas y ella te escucha, le dices las cosas de forma normal y ella obedece, nada de “sit”, “plas”, ni tonterías de esas, sencillamente: “Lisa ven aquí”, “Lisa deja eso”, “Lisa dame un besito”, “Lisa para”, “Lisa, vamos a dormir”, “Lisa, calla” y ella obedece.
Una de esas cosas que mas nos ha sorprendido desde el principio es el cariño que siempre ha sentido hacia los miembros aviares de la familia, dos periquitos, uno llamado “Culé” y señora, un mandarino sin nombre y un canario llamado “Curro”. Se pasa horas mirándolos. En casa, bromeando, siempre hemos dicho que si pudiera les hincaría el diente, que no los miraba con cariño, sino con “hambre”, pero ayer ocurrió algo que nos sacó de nuestro error.
El mandarino tenía algo pegado al pico y mi madre decidió quitárselo pero para ello tenía que sacarlo de la jaula. El pajarito se escapó y empezó a revolotear por toda la cocina. Lisa se lo quedó observando y lo “cazó” al vuelo de un bocado. Mi madre pensó: “buff, me he quedado sin pajarito”. Cual fue su sorpresa cuando vio que Lisa se le acercaba y depositaba el pajarito a sus pies. Lo había “cazado” para devolvérselo a su dueña, sano y salvo, bueno, con unas cuantas plumas menos y un buen susto del que aún está recuperándose el pobre pájaro. Increíble. Por supuesto, mama le dio las gracias a Lisa, le dio un buen premio y ahora todos nos hemos dado cuenta que Lisa “cuida” a sus pajaritos como si fuera su rebaño, a falta de ovejas bueno son pajaritos, los vigila para asegurarse de que estén bien y los quiere.
No deja de sorprendernos y nunca dejará de hacerlo, lo mismo que nuestro amor hacia ella no deja de crecer. Es un privilegio ser la dueña de esta perrita y cada día me siento más orgullosa de haberla adoptado. Lisa, además de ser “mi niña” es mi heroína.

Director: Adam Shankman
Ya están aquí. La nueva generación, la sexta ya, de Ipod ya han sido presentados y están a la venta. Las novedades, varias y muy interesantes. Comencemos:
Ipod Nano 3G: El nuevo nombre es acompañado por un cambio estético total. Es “achaparrado”, más ancho, con los cantos redondeados, con un montón de colores para poder elegir y estará disponible en dos capacidades: 4gb y 8 gb. Lo mejor, que la pantalla es más grande, de ahí lo del “achaparramiento” y que ahora reproduce videos igual que sus hermanos mayores. También incorpora la tecnología “cover flow”.
Lo raro de este producto Apple es que no me termina de gustar. Creo que se ha quedado a medio camino entre un Ipod, una PDA, un no-se-que, que no me termina de gustar. Vale, es un Ipod que permite navegar por internet, bueno, ¿y qué?. Para navegar ya tengo el ordenador, quiero más, quiero gps, quiero poder meterle programas, quiero más capacidad. No sé, me parece que los de Apple han querido aplicar la “revolución” que ha supuesto las pantalla táctil en el Ipod demasiado precipitadamente y no han sabido o han querido aprovechar más las posibilidades que tiene este Ipod Touch. Confío plenamente en Apple y se que con el tiempo terminará aunándose el Ipod Classic (su capacidad) con el Ipod Touch y entonces sí, entonces tendremos un aparato estupendo, incomparable, pero para eso me temo que vamos a tener que esperar un poco más.
Autor: Robert Graves

